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    Segunda-feira, 4 de Outubro de 2010

    Família e Escola: educar pelo exemplo


    A Faculdade de Filosofia de Braga organiza, no dia 9 de Outubro, as III Jornadas de Pedagogia subordinadas ao tema «Família e Escola: educar pelo exemplo»

    Programa:
    08h45 - Abertura do Secretariado
    09h15 - Sessão de Boas-vindas - Alfredo Dinis (Director da Faculdade de Filosofia do Centro Regional de Braga) e Breve apresentação das Jornadas - José Manuel Martins Lopes
    09h30 - D. Carlos Azevedo - Universidade Católica Portuguesa
    Papel da exemplaridade na evolução da identidade espiritual cristã
    10h30 - Intervalo
    10h45 - General Raul Jorge Laginha Gonçalves Passos - Colégio Militar
    A liderança no contexto escolar
    11h45 - Intervalo
    12h00 - Alfonso López Quintás - Universidad Complutense - Madrid
    Un nuevo proyecto educativo: Ayudar a descubrir los valores
    13h00 - Almoço
    14h30 - Valdemar Cruz - Jornal Expresso
    Vidas significantes
    15h30 - Intervalo
    15h45 - Pedro Strecht - Psiquiatra
    A Criança, a Família e a Sociedade: Aprender Hoje, Novos Riscos, Novos
    Desafios.
    16h45 - Encerramento - Pio Alves de Sousa (Presidente do Centro Regional de Braga)
    17h00 - Fim dos trabalhos

    Terça-feira, 25 de Agosto de 2009

    Apologia da Ternura

    Perguntei ao Padre Jesuíta e bioeticista Juan Mesiá Clavel sobre temas de sexualidade, relações pré-matrimoniais, virgindade de Maria, etc…

    Ele escreveu-me assim:

    «Cuando se habla de sexualidad, nuestra sociedad se polariza entre dos extremos: la permisividad y el moralismo; el desmadre o la represión; la genitalidad pura y dura o el espiritualismo desencarnado. Entre los olvidos de la cultura actual, uno de los mayores es el de la ternura, la capacidad para enternecerse, tratar tiernamente y vivir en la ternura. Se tiende a minusvalorarlo como romanticismo de “historietas de amor”. Por eso se desenfocan fácilmente, tanto el tema de las relaciones de intimidad marital como el de las renuncias que conllevan las opciones de celibato.

    En el símbolo de María (ambigüedad del “no conozco varón” en dialéctica con el “hágase en mí eso que tu dices, ocurra eso para lo que he de unirme a un varón”) tenemos una clave para la recuperación de la ternura perdida. Algo que se llevará su tiempo, es más larga la búsqueda de la ternura perdida que la recuperación del tiempo pasado y Proust necesitaría para desarrollarlo otros cuantos volúmenes más…

    Recuperar la ternura olvidada es un proceso que comienza por la vivencia de ser querida la persona y dejarse querer, que la capacita para ser y dar ternura.

    Dicho esto, respondo a México y Coimbra . A la pregunta desde México, por el matrimonio virginal, respondo así: Se puede ser virgen a la vez que se engendra y alumbra una criatura, siendo madre y padre como todo padre y madre, es decir, dejando que se diluya la virginidad física, como en el caso de María engendrando tiernamente con José a Jesús y sus hermanos y hermanas.

    A la pregunta desde Coimbra, por las relaciones prematrimoniales, respondo así: Una boda es una ceremonia de una hora. Un matrimonio es obra de mucho tiempo. En la relación concebida como proceso, la intimidad puede comenzar mucho antes, pero el cultivo y mimo de la relación para que madure en ternura es tarea de aprendizaje largo. El criterio ético (no la receta) no es puntual, no se rige por un antes o un después de una ceremonia. Los obispos japoneses, en su carta del 83 sobre la vida, ponían el criterio en forma de tres preguntas: 1) ¿Me respeto? 2) ¿Respeto a la pareja? 3) ¿Nos responsabilizamos del posible engendrar nueva vida? La respuesta ha de darla cada pareja en conciencia y autenticidad.

    Pero en los extremos se pierde la ternura. En un extremo, la idolatría de la genitalidad hace un absoluto del coito; por otra parte, en el otro extremo, la mentalidad puntual (no procesual) hace un absoluto del trazado de líneas o fronteras entre el antes y el después de una ceremonia. Ambas pueden desembocar en coitos sin ternura. Ninguna de las dos ha descubierto que un beso con ternura puede fundir en penetración mutua dos personas mucho más hondamente que un coito sin ternura, obsesionado por la idolatría del climax sexual.

    Un psicólogo social (no tengo a mano el fichero y a mi edad ya no cita uno de memoria), allá por los años setenta, criticaba la que él llamaba “sociedad y cultura an-orgasmo-fóbicas”, es decir, obsesionadas por el miedo a no alcanzar el orgasmo utópico vehiculado por los macrogenitales de Playboy…

    Pero volvamos al símbolo de la Anunciación, que invita a recuperar la ternura. La clave en la Anunciación es el “Hágase”, “Fiat”: Que no lo haga yo, sino que se haga y ocurra, más que “hacer el amor” (donde no acaba de desaparecer el yo), es dejar que el amor ocurra como acontecimiento que desborda a quienes se dejan hacer por él, ella, ello…y por eso pueden llegar a decirse mutuamente “yo soy tú”.

    Y esto se aplica en los casos siguientes:

    • 1) En las relaciones esponsales como la de María y José engendrando tiernamente, como auténticos progenitores, a Jesús y a sus hermanos y hermanas.
    • 2) En las relaciones en proceso de ir haciéndose y dejándose hacer; primero, de cara a una boda; después, construyendo poco a poco una comunidad de vida y amor (así la define el Concilio yle Nuevo Código de Derecho Canónico, no como un mero contrato… siglos ha tardado la Iglesia en reconocerlo…).
    • 3) También en relaciones célibes de ternura, que no idolatran la genitalidad y asumen la cuádruple renuncia:
      • a) renuncia a la distancia o no posesividad espacial y física,
      • b) renuncia a la distancia o no posesividad temporal,
      • c) renuncia a la no posesividad polarizada en el sexo,
      • d) y, sobre todo, a la cuarta y más fuerte renuncia, la renuncia a la procreación y formación de familia.

      Pero esta cuádruple renuncia no equivale a renuncia a amar, sino apertura para amar más y mejor, abriéndose al aprendizaje de la ternura universal. De lo contrario, si se quedasen en la represión, ¿de qué les serviría haber hecho opciones de virginidad, si ésta no fructifica en capacidad de ternura?

    Nota final: En este enfoque desaparecen las dicotomías “concepción ordinaria y concepción virginal”, ”relación prematrimonial y matrimonial”, “matrimonio-celibato”, etc. Y, en vez de hablar de ética de la sexualidad, se pasa al enfoque de ética de las relaciones, válida para parejas de ambos sexos, tanto casadas formalmente como parejas de hecho; para relaciones personales en el seno de comunidades de opción de celibato por el Reino de los cielos; y para relaciones de amor y ternura, no reprimidos sino mejorados, entre personas con diversas opciones de vida».

    Segunda-feira, 24 de Agosto de 2009

    Ética Sexual (Continuação)

    O professor Daniel Serrão escreveu-me outra carta onde continua o diálogo sobre algumas questões de sexualidade, ética, Igreja. Vale a pena ler…

    «Caro "Correspondente" que acolho com muito gosto

    Já pedi desculpa mas têm sido muitas as solicitações e não consegui tempo. Creia que me incomoda não ser pronto na resposta.

    Vamos ao primeiro ponto

    É claro que um casal paterno que não tem preocupação em que o filho(a) tenha vida sexual activa, com outro(a), em qualquer lugar, continuando a viver cada um na respectiva casa paterna, nem tem uma perspectiva de matrimónio como sacramento, não terá nenhuma disponibilidade para aceitar que casem e fiquem a viver algum tempo em sua casa (sejam pais dele ou pais dela). Aplicam-lhe a norma popular - quem casa quer casa - e vão fazer-lhe a vida negra até que eles saiam. A minha proposta (e conheço vários casos), refere-se a Pais que querem, de facto, ajudar os filhos e/ou filhas a casarem virgens no respeito por uma norma de disciplina religiosa católica a que querem ser fieis. E desejam pagar a sua parte, sem nenhum incómodo, antes com alegria. E que sabem respeitar a intimidade do novo casal "hospedado" transitoriamente em sua casa. E ajudando o casal a resolver o problema de casa própria alugada ou comprada a crédito. Vai dizer-me que é uma raridade. Será mas é para essa raridade que faço a minha proposta aos Pais que podem ter de ser preparados para construírem essa solução com amor. Num caso que conheci num curso de preparação para o matrimónio católico, a menina forçou o noivo a ter relações com ela para saber como era antes de casar; ficou grávida e os Pais do noivo apressaram o casamento e acolheram o casal até que o filho nasceu e eles acabaram os cursos e começaram a trabalhar mudando-se para poiso próprio. A alternativa era o abortamento ou a mãe solteira sem apoio da mãe e pai respectivos que atribuíam a responsabilidade da gravidez ao "noivo" porque o estereótipo é que são eles que as obrigam. Na minha experiência de aconselhamento, hoje é quase sempre o contrário e com a agravante de mentirem sobre o uso de pílula.

    A parte final desta sua questão é muito interessante. A hipótese é de um par que faz um compromisso privado e numa entrega de pessoas e amor mútuo e fiel a Deus (tomando o cuidado de não ter filhos) passa a ter relações sexuais. É isto reprovável ou imoral por parte da Igreja?

    A minha resposta é que se esse casal tem essas disposições (substituindo não ter filhos por planeamento responsável) está em condições de realizar um matrimónio católico; sem necessidade de passarem a viver juntos e podendo continuar a fazer a mesma vida que é a que possibilita a prática de uma mútua actividade sexual. A convicção de que o matrimónio católico obriga a que os casados vivam juntos, sob o mesmo tecto, é puramente social e não tem nada que ver com o sacramento. O matrimónio católico só obriga à fidelidade mútua "amar-te e respeitar-te" e nada diz sobre nenhuma obrigação de viverem na mesma casa. Podem até viver, temporariamente, em países diferentes por motivos de formação profissional ou outros (conheço casos). O problema é que o matrimónio católico transformou-se num espectáculo pagão onde a representação substituiu a verdade. E a fidelidade, antes e depois do matrimónio, é, à partida, uma farsa.

    2. Relativamente ao divórcio a minha convicção é que quanto mais tardio for o casamento mais ameaçado está de terminar em divórcio. Os dois vão para o casamento e para a vida em comum, já com vidas pessoais diferentes e estruturadas separadamente durante dez ou mais anos de vida independente em casa dos Pais ou mesmo em casa própria quando têm condições financeiras para isso. E ambos, em regra, com experiências de ligações sexuais passageiras com outros "parceiros" e assumidas, por ambos os noivos, à partida, com isso mesmo: apenas genitalidade. Dificilmente este par vai conseguir construir um projecto comum que resista às dificuldades e conflitos. O primeiro desacordo sobre o sítio e a data das férias, abre a via para o processo simplex de separação. Ficando bons amigos e encontrando-se por vezes para fazerem sexo mas não para terem vida em comum. E isto já não é só nas classes altas, onde é a regra.

    O que proponho para as "raras" famílias que querem "viver" como católicas e não apenas dizerem que "são" católicas, é um programa difícil e, em certos aspectos, heróico. Mas que pode ser proposto aos jovens e seduzir alguns: afirmarem e demonstrarem, pelo próprio exemplo, que o casamento fiel e para toda a vida, é a melhor resposta para as dificuldades de um homem e uma mulher viverem felizes toda uma vida. Apresentarem aos seus filhos o seu exemplo de vida, explicando que não tiveram que sofrer nem abdicar de nada para poderem viver uma vida feliz. Genitalidade plena, sexualidade realizada, amor permanente. Não precisaram de ir buscar fora do matrimónio o que tinham em casa.

    Se um matrimónio católico não for exemplar, nem sequer para os próprios filhos, então não tem nada a fazer. Nem a Escola nem o Estado podem fazer nada. Se os Pais não podem viver e apresentar o seu matrimónio como um Sacramento, nada podem fazer pelos seus filhos.

    Claro que o tempo de namoro é o tempo apropriado para se discutirem estas perspectivas de futuro. Se os namorados apenas estão interessados em saber se podem ter coito antes do casamento e a Igreja não se "chatear", é melhor nem pensarem em celebrar um sacramento.

    3. Nesta matéria sou crítico. A relação sexual de homem e mulher é biologicamente e naturalmente ordenada para a procriação, porque a sua origem, no homem como em todos os animais gonocóricos, é a conservação da espécie. Portanto, segundo a lei natural, homens e mulheres devem praticar o coito quantas vezes forem precisas até que a fêmea fique grávida. A poligamia e a poliandria são "naturalmente" aceitáveis se forem indispensáveis para a manutenção da espécie. E como não sabemos o que se passa no resto do mundo, agimos no nosso meio. A fecundação das filhas de Lot pelo próprio Pai, após a destruição de uma sociedade homossexual, naturalmente infértil, foi por iniciativa delas e deu origem aos moabitas e aos amonitas. Preservou-se "a raça do nosso País" como disse a mais velha das duas filhas.

    No momento actual invocar a lei natural não faz sentido para mim, em matéria sexual.

    Não há métodos naturais. Toda a intromissão cultural na sexualidade é introduzir o artificial. Não é aceitável, na cultura moderna, imaginar que a fertilidade pode ser entregue, no ser humano, ao simples jogo das leis naturais. A fertilidade passou a ser um acontecimento cultural e, como tal, artificial, porque é o homem que cria a cultura e a cultura é artificial.

    A separação entre coito e fecundidade, tornada possível pelo uso de uma anti-ovulação, é tão anti-natural como escolher, para o coito não procriativo, os dias seguramente inférteis da mulher, que só são conhecidos pela investigação científica. Quando os cônjuges, seleccionam estes dias para o coito estão, de facto, a separar o carácter unitivo e procriativo da relação sexual, do meu ponto de vista, como médico.

    Penso que nenhuma religião aprendeu a lidar com este acontecimento formidável que é um homem e uma mulher se unirem sexualmente para terem prazer mútuo e gerarem filhos, por imposição biológica à qual o Homem, como ser inteligente, se pode opor, mas que não pode nunca eliminar.

    Tal como comer é uma obrigação biológica, mas comer em excesso é gula, pecado (agora é síndrome metabólico...), a relação sexual é um impulso biológico, que os seres humanos são chamados biologicamente a cumprir, mas deve ser contido numa leitura cultural e humana.

    As religiões deviam ter-se limitado a fixar as barreiras do abuso, do "pecado", e pouco mais.

    Nas nações politicamente organizadas em Estados, o Direito encarregou-se dos aspectos particulares da relação homem/mulher, dos direitos filhos, da herança do património, etc., e é um papel que lhe cabe.

    Às religiões deve competir, apenas, mostrar em que medida esta relação, de base biológica, pode ser integrada numa leitura transcendental da origem e destino do Homem.

    Como dizia alguém, "não incomodemos Deus com assuntos de alcova".

    Aqui tem um feixe de reflexões em fim de tarde de Sábado.

    Fico à sua disposição para futuros debates.

    Com os melhores cumprimentos

    Daniel Serrão».

    Sábado, 22 de Agosto de 2009

    Ética da Vida Familiar

    A reflexão filosófica sobre a família é algo que aprecio bastante. Encontrei um livro muito interessante que nos pode ajudar a reflectir melhor eticamente sobre aquilo que considero ser a célula básica da sociedade. O livro que proponho intitula-se de “ETICA DE LA VIDA FAMILIAR: CLAVES PARA UNA CIUDADANIA COMUNITARIA” e é do filósofo DOMINGO MORATALLA, AGUSTIN. Deixo aqui algumas notas que considerei mais relevantes…

    ETICA DE LA VIDA FAMILIAR

    [Um milagre frágil, temperado pelo amor…]

    [p. 59] um dos desafios mais importantes da vida familiar: a personalização do amor. É uma questão importante da ética familiar.

    A personalização do amor está na raiz do namoro, matrimónio, das novas relações de parentesco, ou da vida sexual.

    De que serviria o matrimónio como reconhecimento jurídico do casal se cada um dos cônjuges não teve a possibilidade de desenvolver-se como pessoa na medida em que se entrega ao outro? De que valeria o namoro como preparação e treino para a vida em casal se os namorados planeiam o seu projecto de casal como uma anulação dos projectos de vida pessoal, e não descobrem o valor de um projecto de vida em comum? De que vale o parentesco se na realidade é um conjunto de relações impostas? Para quê viver a sexualidade em casal se as experiencias de encontro, prazer e gozo nos embrutece fazendo-nos mais egoístas e menos sensíveis?

    [p. 60] personalizar o amor é um processo de permanente construção de si mesmo, de descobrimento de si mesmo, de alargamento de si mesmo e de doação de si mesmo.

    Esta relação de encontro com o outro, não descreve uma relação de propriedade, de possessão, ou de vinculação possessiva. Esta relação de amor apela à vida pessoal como um processo de doação, encontro, identificação, e descobrimento permanente.

    A vida familiar é o espaço privilegiado para a personalização porque nela não se encontram um conjunto de corpos de indivíduos que repartem o tempo, o que se encontra são pessoas que aprendem a dar de sí.

    A vida familiar é um espaço aonde podemos dar de si, é decidir, podemos fazer presentes como realmente somos compartilhando o tempo não como algo que temo mas sim como alguém que somos.

    [p. 63] o amor da vida familiar é bem frágil, não se compra nem se vende. É um bem que transforma a família numa trama (net) de relações que tornam possível a liberdade pessoal, e gera assim uma rede para facilitar a integração comunitária.

    À diferença de outro tecidos sociais, o tecido familiar é especialmente frágil e vulnerável, depende da qualidade e valor de amor com que ele se alimenta. Esta milagroso fragilidade faz com que a família seja a primeira escola de amor, o primeiro lugar educativo onde aprendemos a amor

    “A família consiste em ser o ponto de articulação do público e do privado, em unir de certa forma de vida social a certa intimidade. Socializa o homem privado e interioriza os costumes…”.

    [p.64] a função mediadora da família na personalização do amor não só a converte em rede (nó), na parte de um tecido ou na parte de uma rede social, a converte numa realidade permanentemente acondicionada.

    A qualidade de vida familiar não aumenta quando se a pensa muito ou se organiza muito, está antes relacionada com a energia do amor que a põe em forma (acção), a acondiciona, a têmpera.

    Desempenha a função de mediadora porque gera um espaço valioso de comunicação que não hipoteca ou condiciona a liberdade real das pessoas, mas sim a possibilita.

    O milagre da vida familiar pauta qualquer pretensão de ordenar a vida social ou politica segundo o amor. A família é uma instituição que cultiva o amor, e por isso será sempre determinante quando se quiser organizar uma comunidade social e política com princípios de justiça e solidariedade.

    [p. 65] a família é uma civilização do amor… civilização em duplo sentido:

    1- a família civiliza, isto é, organiza segundo os usos sociais, as normas jurídicas e os princípios políticos na trama de relações da vida familiar. Ao civilizar proporciona um reconhecimento público e faz da instituição familiar a primeira, mais básica e originária de qualquer instituição cívica ou cívico-politica.

    2- para descrever uma cultura da solidariedade e da justiça global não serão possível sem o protagonismo da família como espaço básico e original da construção pessoal.

    » É necessário tomar a sério o amor conjugal.

    O amor conjugal é a condição de possibilidade do amor familiar, sem a personalização do amor que se produz na família, seria tudo uma pura idealização.

    O amor conjugal situa-nos antes da corporalidade como dimensão estrutural da nossa vida pessoal. E o grande perigo é acreditar que o amor conjugal se reduz ao desejo e ao amor entre os corpos, como se não fosse uma comunicação pessoal, como se o amor não gerasse um novo espaço de comunicação interpessoal.

    [p. 66]

    “Para construir um ética familiar é importante começar” a partir do namoro, prestando atenção à complexibilidade deste estado de alma que se mostra hiperactiva. Amar – baseado na projecção pessoal. Namoro – baseado na reciprocidade.

    É necessário não banalizar o amor conjugal. (Carlos Días) apresenta uma tríade dialéctica de (encantamento – desencantamento – reencantamento) do casal (namorados)

    O valor que a sociedade reconhece ao casal através do matrimónio ou a igreja que concede este ultimo como sacramento, procede do valor de uma dinâmica complexa onde intervêm tanto o desejo e a paixão, como o amor e a atenção.

    (Romano Guardini) – Fases no amor:

    1- Encantamento. Do outro só se vê o que se deseja ver nele, sobrevalorizam-se as suas possibilidades, modela-se a realidade conforme os próprios desejos. É a fase mais erótica da vida em namoro, uma fase de desejo intenso onde se produziu uma idealização do outro. Dá-se uma entrega por encantamento.

    [p. 67] O amante está absorvido pela atracção do amado, existe atracção sexual e paixão, mas não existe aceitação do outro como tal, não há tranquilidade no reconhecimento do que o amado é; mas sim vontade de que seja como o amante quer.

    2- Desencantamento. Então, o amante descobre que o amado não é um ser tão excepcional como se imaginara, mas sim uma pessoa com a qual não deve somente conviver, mas sim coexistir e sobreviver. As excelências que se foram descobrindo na época do encantamento se transformam em normalidades e rotinas. Se o amor conjugal se reduzir a esta fase de pura frustração e desencantamento nunca seria possível nem o matrimónio nem a vida familiar. Podem aparecer os sentimentos de decepção, frustração, amargura, tédio e irritação quando o amante sabe de memoria o que o amado pode decidir ou fazer.

    O amor conjugal não se mantém quando o amante e o amado estão desencantados, quando perderam a capacidade de entrega interpessoal. O amor conjugal tampouco se pode reduzir ao rotineiro cuidado mútuo ou simplesmente ao “carinho”; nesse caso se reduziria à mútua simpatia, à relação de fidelidade ou de adesão, mas não à entrega pessoal.

    3- Reencantamento. Nós tomamos a serio o amor conjugal quando conciliamos a entrega com o encantamento, isto é, quando se chega a produzir o encantamento pela entrega e doação de si. Isto exige aceitação e reconhecimento sincero do outro, não a sua idealização nem o seu desprezo. O outro é como é, e não como nós gostaríamos que ele fosse. E o que é mais importante, é o facto do amante como o amado são, aparecendo progressivamente na entrega diária. A aceitação do outro enquanto outro.

    [p. 68] o amor conjugal não é fruto do entusiasmo e heroísmo, mas sim resultado da paciência, perseverança, e de tenacidade.

    Quando existe reencantamento, o amado não só se entrega ao amado, mas também compartilha a sua entrega com o mundo do amado, criam um mundo conjunto unido numa dedicação recíproca do seu encantamento.

    A vida matrimonial e familiar será o resultado deste novo mundo criado e compartilhado, de uma história compartilhada aonde o amor conjugal é muito mais que o erotismo conjugal, aonde a fidelidade conjugal supera a emoção amorosa, aonde a entrega realizada supera a fantasia.

    O grande perigo da vida matrimonial é reduzir o amor conjugal à rotina, aos costumes, ao simples cuidado condicionado sem fantasia, sem ilusão, sem surpresa, em suma: sem erotismo, graça e encantamento.

    Para que se produza este encantamento é necessário ver a verdade da outra pessoa, isto é, crer nela, ter confiança nela baseada na inteligência…

    [p. 69] quando se fala de amor tem que se ter em atenção o carácter único e insubstituível do outro, e como o encontro com o outro é um processo de desvelamento e revelamento pessoal.

    [p. 71] tomar a sério o amor conjugal exige-nos não reduzir o amor a um puro sentimento, nem a vida familiar a entrega sem entusiasmo. A intima união de duas pessoas, a sua inseparabilidade e entrelaçamento de trajectórias é conciliável com a persistência da personalidade de cada um.

    O amor conjugal funda uma aliança entre pessoas mediante as quais têm a possibilidade de realizar a sua vocação como tal. A aliança entre o casal expressa uma estrutura dativa e generosa de ser pessoa, expressa uma forma de ser pessoa que a partir da entrega de si mesmo (como entrega desinteressada) não se perde nada, mas sim ganha-se.

    A família é uma comunidade e unidade baseada na entrega mútua.
    A instituição do matrimónio é um resultado interior do amor conjugal.

    [p. 79] “Amor, ergo sum”. Sou amado, logo existo. Amar o outro é dizer-lhe: “tu não morrerás”. “amor, ergo sum” pode ser o princípio que pode reger a ética da vida familiar.

    [p. 81] construir uma “civilização do amor”. Com a humanização do mundo contribuímos para a personalização do amor criando uma “cultura do amor”.

    A família está organisticamente unida a esta civilização do amor. A família é o centro e o coração da civilização do amor.

    [p. 82] diante de uma situação cultural adversa, uma ética da vida familiar tem que resistir a preservar o valor da família – a liberdade e o amor mesmo.

    Civilização do amor evoca alegria porque os esposos podem chegar a ser pais, por um ser humano vir ao mundo, porque pode acontecer a verdade da vida.

    Civilização do amor significa alegrar-se com a verdade e resistir a uma mentalidade consumista e anti-natalista…

    Mesmo sendo a família vulnerável, mesmo que seja composta por um tecido frágil, ela é o princípio e o fundamento de uma civilização do amor (pela particular proximidade e intensidade dos vínculos que se instauram nela entre as pessoas e as gerações). Para ela é necessário um amor exigente baseado na entrega e na liberdade.

    Na família é onde encontramos a base da civilização do amor, construída com os membros do personalismo, e não do individualismo, porque a ética personalista é altruísta, move a pessoa a entregarem-se aos demais e a encontrar “gozo” neles.

    [ Família e educação na sociedade da informação ]

    [p. 88] o poder de alguns artefactos tecnológicos, que estão por todas as partes e ao alcance de todas as idades (televisão, internet, videoconsola, telemóvel, etc…), alteram radicalmente as aprendizagens e dificultam qualquer horizonte educativo coerente.

    O caso da televisão é paradigmático porque modifica a relação entre uma cultura do ver e uma cultura do entender, uma cultura da imagem e uma cultura da leitura. Está a dar-se um processo de transformação do “homo sapiens” para “homo videns”.

    [p. 92] para uma ética da vida familiar a casa não é um simples espaço de sobrevivência face ao mundo exterior, ou de coexistência para reafirmar a própria individualidade; mas sim espaço para a convivência.

    [p. 93]habitar um lugar é muito mais que dispor do espaço físico que torna possível a convivência, é pois dispor de um tempo significativo que se compartilha, um tempo entrelaçado por relatos, narrações, ou historias compartilhadas. A vida familiar tem muito de narrativa no sentido de pertinência e participação num projecto em comum.

    [p. 94] as crises familiares podem-se dever a estilos de vida baseados em projectos individuais, na cultura do ter, do aparentar, do acumular de maneira incessante as ultimas tendências do consumo familiar.

    Problema da educação

    [p. 95] uma ética familiar tem que ser, antes de tudo, uma ética presidida pelo imperativo cuidado. Isto, é prestar mais atenção ao que se passa em casa, e começar a habita-la de verdade. Poderá existir uma quantidade de oportunidades que perdemos todos os dias para cuidarmos mais uns dos outros.

    Um descuido com que progressivamente nos vai empobrecer, porque perdemos a sensibilidade para colocarmo-nos no lugar do outro, para termos projectos com aqueles com quem habitamos.

    Esta ética do cuidado refere-se a um cuidado responsável baseado no conhecimento e amor que nos faz a cada um singulares. (não é um cuidado paternalista).

    [p. 96] A educação baseia-se no cuidado responsável, isto é, cuidar é atender o outro, ter compaixão do outro, viver o que ele está vivendo, participar psicológica, anímica ou moralmente no seu mesmo estado de ânimo. Se os pais estão obsessiva e compulsivamente em cima dos seus filhos não os estão a cuidar, mas antes os sobreprotegem e dificultam o seu crescimento. Aprender a colocarmo-nos no lugar dos nossos filhos e ajuda-los para que se ponham em nosso lugar é o primeiro passo para um cuidado não paternalista.

    Cuidar é ajudar o outro a realizar o que não pode fazer sozinho, ajudá-lo a ser autónomo, a que tenha a sua própria vida. Para ajudar é necessário proporcionar ao outro instrumentos, recursos, oportunidades.

    Cuidar é convidar o outro a que reconheça a sua vulnerabilidade e se deixe ser ajudado. O cuidado responsável é educar para uma responsabilidade que se compartilha, para a corresponsabilidade.

    Cuidar é velar pelo bem do outro, converter o outro no centro de gravidade da nossa vida. Na vida em família o cuidado responsável exige sempre desvelar-se uns pelos outros, descentramento, despossessão, e entrega. Nos processos de formação familiar e construção educativa existe sempre um momento de entrega, de desvelo, e uma maior preocupação para com as necessidades do outro do que com as do próprio.

    [p. 98] cuidar é acompanhar o outro sem necessidade de indicar-lhe ou determina-lhe o caminho que deve seguir.

    [p.99] o cuidado responsável é uma forma de cuidado pelo qual salvamos o outro da uma solidão não desejada. Na sociedade da informação, as comunicações vão reduzindo as distâncias entre as pessoas, mas por vezes têm descuidado o conhecimento da pessoa em si mesmo. Uma pessoa pode ter muitos meios para comunicar-se com os outros, mas pode desconhecer como poderá conhecer-se melhor a si mesmo. Uma ética do cuidado nos exigiria unicamente salvar o outro da solidão do abandono, da depressão.

    Existe duas formas de solidão, uma desejada, outra impingida. O cuidado responsável nos exige atender e promover o valor da solidão desejada como caminho de autoconhecimento, encontro com sigo mesmo, e possibilidade de encontrar diálogos interiores que fortaleçam o crescimento ou maturação pessoal.

    A responsabilidade do cuidado não só permite manter as distancias entre quem som objecto de cuidado e o sujeito que os cuidam. A responsabilidade funda e constrói uma realidade familiar e educativa nova na qual nem se confundem nem se dissolvem as pessoas, é a realidade de um nós que nos permite falar da família como instituição comunitária e não como simples associação de indivíduos.

    [ Cultura familiar para uma nova sociedade civil ]

    [p.120] “Nós” – qualquer “nós” que pronunciemos ou de que dele nos sentimos parte, é mais artificial e convencional que o “nós” originário da relação familiar.

    [p.121] pode-se falar de um “nós” como construção artificial, fictícia, como resultando de um pacto, contrato ou acordo de interesses individuais.

    Nas sociedades modernas e em culturas que têm uma atomização ou individualização da família, o “nós” não deixa de ser um conjunto de interesses, ou convenções, sendo um simples contrato.

    O relativismo na cultura familiar é uma consequência do relativismo moral em que não se põem em questão os seus estilos de vida, de quem se conforma com a sua própria felicidade e bem-estar, de quem tem medo de buscar uma verdade comum que veja mais além dos seus próprios interesses.
    o “nós” básico e original é um bem publico. Se o reduzirmos ao somatório de interesses ou contratos, quando não existe verdadeiramente amor e um “nós” original, a vida familiar não durará para sempre (só durará enquanto os interesses se mantiverem), e poderão surgir vários problemas como: menores sem estabilidade emocional e psicológica porque não crescem numa família normal, menores que podem abandonados e desprotegidos à sua sorte, casos de violência (abusos, agressões, maltratos) contra algum membro da família, casos que podem originar solidão e por conseguinte refugio no álcool, drogas, … Quando existem estes problemas graves de desmoramento familiar, é fácil constatar um “nós” que nunca foi verdadeiramente “nós”, mas sim um “nós” fragmentado, roto, em estado de podridão.

    [p.122] Mas, o “nós” básico expressa uma aliança originária (não material) a manter durante toda a vida, tanto biológica como biográfica.

    Se reduzirmos a vida familiar unicamente às suas categorias civis e contratuais não teríamos de qualquer forma uma cultura familiar, existiria apenas direito familiar.

    Existe uma cultura familiar quando o “nós” básico abarca todas as suas dimensões e toda a sua riqueza, todas as suas possibilidades e todos os seus limites, (quando também vê o seu valor jurídico, e faz presente no espaço publico o seu valor expressivo).

    Na cultura familiar podemos descobrir, assim, o valor da reciprocidade, da doação mútua como características imprescindíveis para entender a vida familiar. Elas são as que alimentam a ética da vida familiar e fazem com que a cultura familiar tenha vida, são as que utilizando uma terminologia desportiva, põem a família em forma.

    [p. 123-130]

    A vida familiar como fonte de reconhecimento moral.

    A vida familiar tem que assumir um protagonismo que a corresponde como sujeito social diante o paradigma cultural…

    A família é…

    …espaço de identidade e identificação – a família é fonte de reconhecimento porque é espaço em que não só começamos a conhecer a realidade, mas também por ser um espaço em que começamos a descobrir a nossa própria identidade.

    …espaço de doação mutua e reciprocidade – a família é fonte de reconhecimento porque descobrimos que não somos únicos no mundo, que a nossa identidade aparece nas relações de doação mútua e de reciprocidade. Reconhecer-se na família não é somente conhecer-se a si mesmo, mas sim descobrir-se diante do outro, com o outro e através do outro.

    …espaço de diferenciação – a família é fonte de reconhecimento porque nela nos singularizamos, nos diferenciamos, e começamos a descobrir o que é mais próprio de cada um. A diferenciação familiar não é um processo de separação ou ruptura para romper uma relação de doação mútua e igualdade. Na vida familiar descobrimos que a única igualdade que respeita o valor das pessoas e a sua singularidade é uma igualdade completa que respeita as pessoas como são.

    …espaço de desenvolvimento pessoal. A família é fonte de reconhecimento porque a singularização e a personalização são processos de desenvolvimento, de selecção e assimilação de possibilidades que modulam a nossa capacidade de trabalhar e de relacionar com o mundo.

    …espaço de doação e gratuidade. A família é fonte de reconhecimento porque nela aprendemos o valor da doação e da gratuidade. A família pode ser espaço para a troca de muitas coisas, mas basicamente é espaço para o dom, e o primeiro dom é o da nossa vida biológica. Não há reconhecimento se não existe aceitação da nossa própria vida como dom e como presença relacional. Somos verdadeiramente reconhecidos na família, não pelo que temos ou fazemos, mas sim por aquilo que somos. O reconhecimento implica no amor familiar um valor de gratuidade, de surpresa, de mistério, incluindo de diferenciação e dissimetria.

    …espaço para a justiça e para a verdade. A família é fonte de reconhecimento porque nela não só aprendemos as relações de doação mútua e reciprocidade, mas também relações de justiça. A família gera o espaço moral aonde aparece “o terceiro em questão”. Ricoeur utiliza “o tema do terceiro” para enquadrar o horizonte da doação mútua e do reconhecimento quando falamos de uma distribuição justa. O filho é um terceiro para o casal, os pais são um terceiro para os irmãos, o outro a que nos referimos não é um simples “outro como eu” ou um “outro igual a mim”, mas é um outro diferente de mim, distinto de mim, é “outro eu”, a alteridade não é igualdade mas sim diferença radical, exterioridade que se nos faz presente. Existe cultura familiar quando o casal está aberto diante da possibilidade do terceiro que é o filho, quando os irmãos estão abertos diante da possibilidade da chegada de um novo membro à família, quando se acolhe qualquer um que chega independente da sua condição, e que se o acolhe como se esse terceiro fosse um mais (na sua alteridade e diferença radical). Uma ética familiar também é uma ética para a aprendizagem da distância justa.

    [p. 131] Um dos problemas mais importantes na cultura familiar é a conciliação entre a vida familiar e a vida laboral.

    O movimento feminista e o reconhecimento pelos direitos da mulher têm denunciado que é injusto, não solidário, e imoral que as mulheres tenham um dia de trabalho laboral duplicado porque trabalham numa empresa e em casa.

    O facto de o casal trabalhar por igual fora de casa transformou totalmente os estilos da criança, não só porque o modelo paternalista começa a ruir, mas porque situa a vida familiar diante novos desafios.

    Existe mais liberdade na vida familiar, mas também existe mais responsabilidade. Passa-se menos tempo com os filhos, mas quando se está com eles quer-se viver intensamente. Valoriza-se mais o tempo que a família no seu todo passa em casa, e lamenta-se que esta pareça mais com um centro de serviços do que de uma comunidade de identificação.

    [p. 132] A vida familiar reduz-se a um centro de serviços familiares quando o universo familiar se reduz à distribuição de tarefas e funções, de obrigações e responsabilidades, para que o lugar onde se viva não falte nada. Neste caso, a educação com os filhos reduz-se ao reconhecimento de um conjunto de obrigações compartilhadas que todos assumem para que a casa funcione. Isto converte a vida familiar num conjunto articulado e mecânico de funções, porque não existe tempo para uma vida de encontro.

    [p. 133] Mas, o significado e o valor do tempo vivido familiarmente leva-nos a uma cultura familiar diferente aonde a família não só funciona como centro de serviços, mas sobretudo como comunidade de identificação. Neste caso, a cultura familiar plasma-se de “hábitos do coração”.

    [p. 138-139] As maiores dificuldades para construir uma cultura familiar procedem do mundo laboral. Infelizmente, hoje é difícil encontrar uma cultura empresarial, administrativa ou laboral que facilite a integração das responsabilidades laborais com as responsabilidades familiares. É difícil porque as novas formas em que se desenrola o capitalismo afecta directamente a vida das pessoas e as suas famílias.

    (Richael Sennett) “um regime económico que não proporciona aos seres humanos nenhuma razão profunda para se cuidarem entre si, não pode preservar por muito tempo a sua legitimidade”.

    » A experiência bíblica da cultura familiar.

    [p.144] A Bíblia não esconde os elementos negativos e as crises que se dão em muitas famílias. Na genealogia de Jesus encontramos um grande número de casais que passam por um grande número de dificuldades e incompreensões. Mesmo na própria família de Jesus não faltam momentos de crise (Cf. Mt 2).

    Se a bíblica conta a história destas famílias talvez seja para nos ensinar que a vida em casal, em família, é uma vivencia também árdua; e que talvez sejam poucas as pessoas que conseguem vive-la sem dificuldades, que podem ser dramáticas e provocar rupturas, separações tanto visíveis como invisíveis. A cultura familiar da Bíblia não nos apresenta um cenário de convivência paradisíaco. Mas, a partir de um cenário realista se constrói o ideal do matrimónio e das relações cristãs do casal.

    [p. 145] Os narradores dos textos bíblicos sabem que a vida familiar é árdua, e por conseguinte querem ajudar-nos com exemplos de famílias difíceis, mediantes as quais nos sugerem ajudas e estímulos com vista ao ideal que propõe o matrimónio cristão.

    [p. 146] Na experiência bíblica, as crises podem ser interpretadas como probas para possibilitar o crescimento e a maturação da vida familiar. As situações de crises podem ser interpretadas como provas. Estas não são simplesmente um problema, mas podem ser oportunidades para o desenvolvimento conjunto de cada membro da unidade familiar, para que em cada um emerja o melhor de si mesmo.

    [p. 147] Valor importante do diálogo para fazer face às crises. Se aprendemos a discernir e a sarar os conflitos na família, teremos também visão e capacidade para ver e ultrapassar dia a dia os pequenos ou grandes conflitos pessoais e sociais que aparecem. Todas as leis da paz têm algo em comum…

    Familiaris Consortio (JP 2) – horizonte realista e contraditório de um tempo com luzes e sombras. (paragrafo 6, 47, 48).

    [ Política familiar como fonte de justiça e capital social democrático ]

    [p. 156] O mito do pluralismo e da diversidade de modelos…

    A intenção de incluir todo o tipo de pessoas unidas por vontade de conviver juntas, não tendo em conta a natureza do vínculo, transforma a política familiar numa variante da política social ou associativa, como se a protecção da família fosse equiparada à protecção de qualquer outro agrupamento de pessoas com a simples finalidade de conviver juntas.

    [p. 157] Uma política familiar não pode reduzir-se a promover equiparações e atender unicamente à natureza contratual da vida familiar, deve atender também à natureza biológica, afectiva, emocional, e educativa que aparecem quando existe algo mais que um contrato.

    [p. 163] Quando se produz a diferença de valorização entre a família como contrato matrimonial ou unidade de consumo, e a família como comunidade de vida onde intervêm elementos expressivos, emocionais, cognitivos e culturais, então dá-se um dilema na política familiar. Dilema que consiste em construir uma política familiar que por um lado cuida da família como contrato de interesses, unidade de consumo ou agência de socialização e que, por outro, descuida a família como comunidade de vida sentimental, afectiva, reflexiva e cultural.

    Os meios de comunicação têm grande influência, pois quando se fala de vida familiar tendem a apresentá-la unicamente como unidade económica ou educativa, e não como comunidade que compartilha, expressa, valoriza e reconstrói a sua identidade na unidade mais básica do tecido social.

    Apresenta-se a vida familiar de maneira incompleta, superficial e ligeira. Na TV valores como estabilidade, fidelidade, sacrifício, doação mútua, e a felicidade compartilhada não ocupam muito tempo nas programações.

    [170] Família – valor que tem como instituição – porque não é um agrupamento ocasional económico, fiscal, social, ou educativo, mas é essencialmente uma comunidade moral com vontade de permanência no tempo que promove, facilita e articula tanto o reconhecimento mútuo como a doação e identificação recíproca.

    [171] …existe propostas para reconhecerem e ampararem uma pluralidade de forma de convivência sobre o nome de famílias.

    Afirmar que família pode ser uma pluralidade de formas de convivência (até mesmo entre pessoas do mesmo sexo) parece-me ousado.

    ---

    Cf. DOMINGO, Agustín – Ética de la vida Familiar. Bilbao: Editorial Desclée Brouwer, 2006.

    (A tradução livre de alguns excertos do espanhol para o português foi realizada por nós).

    Família : Futuro da Humanidade

    O texto que se segue foi-me enviado pelo Professor Daniel Serrão.

    I Congresso Internacional em Defesa da Vida

    Santuário Nacional de Nossa Senhora da Conceição Aparecida

    São Paulo – Brasil 6-10 de Fevereiro de 2008.

    Família : Futuro da Humanidade

    Professor Doutor Daniel Serrão

    Academia Pontifícia para a Vida

    INTRODUÇÃO

    Vou falar-vos da família humana.

    É muito antiga a família humana, a sua origem perde-se na história dos tempos.

    Quando a inteligência humana começava a decifrar o sentido do mundo natural à sua volta, quando, neste alvorecer da autoconsciência, os seres humanos se descobriam a si próprios, como próprios, e identificavam o outro como um absolutamente outro, aberto a uma relação, tiveram os humanos duas iluminações fulgurantes e primordiais.

    Primeira revelação, iluminadora: estavam no mundo natural, mas não eram obra da natureza, eram criaturas com origem numa transcendência. Na conceptualização da tradição hebraica, primeiro oral, transmitida de geração em geração, depois escrita nesse maravilhoso Livro que é o GENESIS, a transcendência é Iavé, é aquele que é em si próprio e por si próprio.

    Segunda revelação, esta estruturante da vida em comum: a ligação corporal de homem e mulher, não é um banal acto instintivo, como o dos outros animais, mas é uma relação de corpos individualizados como pessoas.

    O GENESIS é aqui muito claro: Deus criou o homem à Sua imagem, criou-o à imagem de Deus; ele os criou homem e mulher.”O eminente biblista português António Couto, recentemente elevado à dignidade episcopal, diz que serem imagem e semelhança de Deus é terem sido criados homem e mulher, portanto com capacidade criadora, como Deus é criador.

    É esta relação entre homem e mulher, a um tempo corporal e pessoal, que constitui a verdadeira essência da Família Humana.

    É esta relação corporal e espiritual, entre um homem e uma mulher que transforma a Família Humana na mais grandiosa e perfeita estrutura na qual assenta a sobrevivência biológica da espécie e na qual se realiza, em toda a sua plenitude, a natureza espiritual dos seres humanos.

    É na estrutura da Família Humana que a delicada e ainda misteriosa síntese entre corpo e espírito, esta unidade substancial que cada um de nós é, se realiza plenamente.

    Porque a família humana não é feita com corpos sem vida espiritual, nem com espíritos a existirem desincarnados.

    É feita com seres humanos que são unidades substantivas de corpo e de espírito. Corpo e espírito que ambos são obra amorosa de Deus Criador.

    1 - Evolução temporal da estrutura familiar

    De uma forma sucinta vou expor-vos como a família terá evoluído, no tempo, até se tornar num grande valor para as pessoas e para as sociedades.

    A investigação antropológica, que procura encontrar os vestígios do processo evolutivo da hominização, admite que durante milénios a ligação macho/fêmea nos hominídeos era puramente instintiva e corporal e estava ordenada pela lei geral de todos os animais, nos quais há uma forma corporal masculina e outra feminina, que é a lei da sobrevivência da espécie.

    A esta conclusão, fria e eticamente neutra dos antropologistas, contraponho a Fé bíblica num acto constantemente criador da vida, no qual está incluída a reprodução pela união dos corpos, pois esta união, sendo geradora de filhos, é a garantia da perenidade da vida desejada por Iavé. Por isto, Iavé olhando para a vida criada e sustentada considerou que tudo estava bem. Este juízo de Iavé sobre a vida criada e mantida é actual. Tem 7 a 8 mil milhões de anos, mas continua a ser proferido hoje em relação a todas as formas corporais de todas as espécies, nas quais e pelas quais, a vida se manifesta no mundo.

    Os cientistas regozijaram-se recentemente por terem descodificado a grande molécula de ADN que constitui o genoma de animais e plantas. Mas essa estrutura chamada, agora, de molécula da vida, não é de hoje, nem foi inventada por Watson e Crick há pouco mais de 50 anos. Não; há milhares de milhões de anos que ela, a molécula de ADN, cumpre com um impressionante cuidado químico, a missão de conservar e transmitir a vida, usando as mais diversas e eficazes vias formais – às quais chamamos espécies – para o conseguir.

    Na minha postura pessoal de criacionista supra-darwiniano, não tenho receio de afirmar que esta molécula é um instrumento para a execução do acto criador geral de Iavé.

    Temos assim que, no mundo natural, machos e fêmeas geram filhos no cumprimento de uma actividade biológica instintiva, ordenada para a manutenção das espécies às quais pertencem.

    Assim o terão feito os membros da espécie Homo durante milénios.

    Mas o que é que aconteceu para que nesta espécie Homo se cumprisse um outro programa que alterou radicalmente a relação macho/fêmea?

    Aconteceu algo de absolutamente singular que nenhuma neuro-ciência pôde, até hoje, explicar na sua génese e na sua natureza.

    Nesses homens e mulheres que viviam e sobreviviam nas inóspitas savanas – talvez na África Oriental com uma primeira migração para o Médio-Oriente – emergiu uma propriedade nova : eles passaram a reconhecer-se uns aos outros, descobriram a individualidade de cada corpo, vivo ou morto, e, finalmente, individualizaram-se a si próprios para si próprios. O auto-reconhecimento foi o esboço da nossa rica auto-consciência actual. O hetero-reconhecimento, o reconhecimento do outro como um absolutamente outro é a origem da família, é a origem desta estrutura exclusivamente humana, onde se realiza a forma particular de ser e de estar dos humanos no mundo.

    A emergência da estrutura familiar a partir de bandos de seres já humanos mas ainda poligâmicos e poliândricos foi, ou deverá ter sido, contemporânea da invenção, pelos humanos, da palavra oral; e tenho dito e escrito que a primeira de todas as palavras, como instrumentos significativos, foi a palavra que representa a individualização, ou seja, o monossílabo gutural eu. Este som gutural, esta sílaba vocálica que em todas as línguas faladas representa cada um a si próprio e aos outros, transforma-se em palavra quando adquire a qualidade de um símbolo representativo e significante.

    Quando cada um de nós emite este som apenas vocálico, eu, está a identificar-se a si próprio e a apresentar-se aos outros. É Pessoa e fala na primeira pessoa.

    Pois bem só podemos falar de família como estrutura humana quando já há esta identificação individual e quando a união sexual não é feita apenas como união de corpos, mas como união de dois eus auto-identificados.

    Cada eu vai começar por aprender muito acerca de si próprio e analisar progressivamente o que faz e o que decide fazer, porque agora já não é apenas um ser humano com capacidades cognitivas, sensitivas e sensoriais, mas um ser dotado de auto-consciência, um eu auto-consciente.

    É este eu auto-consciente que vai interrogar-se sobre a sua origem e o seu destino, que vai inventar a esperança na imortalidade, preparando ritualmente os corpos mortos para a ressurreição futura, que vai intuir a realidade da existência de um Ser Supremo, transcendente, que existe por si próprio e em si próprio e não pode ser conhecido nem nomeado.

    E é o eu auto-consciente, de homem e de mulher, quem vai instituir a família como estrutura para a relação eu/outro eu, na verdade, eu/tu.

    Relação corporal progenitora e fecunda, sem dúvida; mas igualmente relação entre eus auto-conscientes ao nível representativo e, portanto, identificável por meio de uma palavra. A palavra que usamos, hoje, para caracterizar, tanto o conceito abstracto, como a instituição, é a palavra Família. Esta relação institui uma família.

    Claude Lévi-Strauss, o grande antropologista, que viveu alguns anos com, e como, os índios Nambikwara, na Amazónia, faz uma emocionada descrição da estrutura familiar deste povo muito primitivo, mostrando bem como a relação dos corpos, deitados por terra, ao cair da noite, se transforma, e cito, na “expressão mais comovedora e mais verídica da ternura humana”.

    De facto, a família, como um constructo das sociedades humanas, marca os primeiros sinais da hominização plena, como suporte de uma firme estrutura de parentalidade sem a qual, homem, mulher e filhos não poderiam ter sobrevivido nas penosas condições de vida, no mundo natural.

    E também não poderiam ter evoluído até aos tempos modernos nos quais a cultura exterior simbólica substitui o vínculo à Natureza.

    A narrativa hebraica, fundante do povo bíblico, descreve o mundo natural, com a vida “animal”, fácil, do Homem, chamando-lhe Paraíso ou Horta das Delícias, e mostra como macho e fêmea, depois de terem ascendido ao conhecimento, fizeram a identificação do corpo próprio e do corpo do outro - reconheceram que estavam nus, diz o GENESIS - e então, já como eus autónomos, iniciaram um diálogo, que já é humano, sobre quem era responsável pela dificuldade de terem de sobreviver com o seu próprio esforço, fora da Horta das Delícias.

    O que esta metáfora quer significar é que o que os seres humanos receberam de Iavé, diríamos em linguagem moderna - que é, também, metafórica -, a sua constituição genética, não lhes vai bastar para sobreviverem. Terão de ser homem e mulher, criativos eles próprios, à imagem e semelhança de Iavé, e gerarem filhos, uns bons como Abel, outros maus como Caim, e extraírem da terra o seu sustento. Lévi-Strauss, descrevendo a vida real, actual, dos índios Nawbikwara, mostra como todo o tempo de homens e mulheres é consumido na busca, em cada dia, do alimento que podem extrair da floresta tropical e no cuidado com os filhos. A isto, apenas, se resume a vida pessoal e social destes grupos humanos que, de forma muito evidente, são agrupamentos de famílias, com regras próprias de relacionamento que não diferem, substantivamente, das que os Códigos Civis dos países civilizados fixam para a família moderna.

    De facto toda a evolução social do povo hebreu é baseada na família a partir de Abraão, aquele que saiu, com todos os seus, de Ur, na Caldeia, levando consigo Sara, sua mulher, a quem Iavé permitiu que tivesse um filho, na sua velhice, filho do qual provieram, simbolicamente, todas as tribos de Israel; que, mais tarde, Moisés haveria de conduzir até à terra prometida. A genealogia hebraica de Jesus, referida no início do texto do evangelista Mateus, mostra bem como a família era a própria razão de ser e estar do povo hebraico. Ainda hoje, apesar das perseguições e mortes, um judeu pode conhecer o seu vínculo familiar e a qual das 12 tribos pertence por esse vínculo familiar.

    O Cristianismo, pela sua raiz hebraica, desenvolveu ainda mais a importância da estrutura familiar. Reconhecendo, sempre, a sua origem biológica e natural, elevou a constituição da Família ao nível de um Sacramento que é celebrado, livremente, por um homem e uma mulher perante Deus, testemunhado e acolhido por um Sacerdote e festejado por todos os irmãos na Fé, parentes e amigos.

    2 – A família moderna

    Com a evolução das Nações para Estados de Direito, politicamente organizados e socialmente regulados por leis, a união de homem e mulher, passou a ter um enquadramento jurídico, com direitos e deveres pessoais e patrimoniais. Ou seja, passou a ser reconhecida pelas estruturas políticas e pelo Direito privado, como uma instituição.

    Foi um bem, esta evolução, ou foi um mal?

    Foi, em muitos aspectos, um bem. Mas trouxe consigo a raiz de muitos males.

    Foi um bem sempre que as leis do Estado reconheceram que a celebração de um matrimónio livremente praticada por um homem e uma mulher, por sua livre e espontânea vontade, perante Deus e na presença acolhedora de um Sacerdote, era um acto da maior transcendência social e por isso era acolhido na organização política e administrativa da sociedade, sem mais formalidades e com carácter indissolúvel – não separe o homem aquilo que Deus uniu.

    Com a evolução das sociedades, em especial no mundo mais desenvolvido, a união sacramental entre um homem e uma mulher deixou de ser, por sua livre e espontânea vontade e apoiada no amor mútuo e fecundo, para passar a ser, em muitos casos, dependente de interesses familiares ou pessoais, de hipocrisia social, de mera atracção sexual, de comodidade, etc.

    Então, estas uniões, não alicerçadas no mútuo amor que sobreleva a todas as dificuldades e se mantém indissolúvel e presente até ao fim da vida, estas uniões, dizia, mesmo declaradas e prometidas perante Deus como um sacramento, revelam-se, afinal, frágeis e a prazo.

    Com as primeiras dificuldades, e sempre as há, ou com a infidelidade de um ou outro dos membros do casal, ou de ambos, o vínculo matrimonial dissolve-se, tanto ao nível dos afectos como ao nível corporal e os membros do casal separam-se um do outro, de facto.

    O matrimónio católico é, sacramentalmente, indissolúvel e os membros do casal só podem separar-se se, de facto, não tiver havido sacramento. Para que haja sacramento são necessárias certas disposições exteriores e uma forte e clara vivência auto-consciente. Quando uma pessoa humana declara a outra pessoa humana que vai amá-la, ser-lhe fiel e respeitá-la por toda a sua vida, aconteça o que acontecer, está a assumir um compromisso que engloba a vida pessoal em todos os tempos e em todos os modos.

    Se este compromisso, apresentado perante Deus, é assumido de forma leviana, insensata ou frívola, sem qualquer expressão na auto-consciência profunda de quem o assume, pode ter havido uma espampanante cerimónia pública, um banquete de luxo, um baile até de manhã, mas não existiu o sacramento do matrimónio.

    Do meu ponto de vista não interessa à verdade da religião católica que a sua Igreja, em muitos Países, assuma uma elevada percentagem de casamentos católicos, como sacramentos com efeitos civis, quando um grande número desses matrimónios é dissolvido civilmente, mas sem que a dissolução civil tenha, obviamente, efeitos religiosos.

    De facto, na cultura pós-moderna, particularmente depois da generalização do uso da pílula anticoncepcional pelas jovens que iniciam vida sexual activa, muito cedo e sem nenhuma perspectiva matrimonial, estabeleceu-se uma dissociação entre os relacionamentos corporais de homem e mulher e a constituição de uma família para geração e educação de filhos. A mulher, em especial a da classe média e classe média alta, adia a perspectiva de um matrimónio estável e orientado para a geração e educação de filhos, para bem mais tarde, para quando outros objectivos de carreira profissional e de desenvolvimento social tenham sido já atingidos. Até aí vivem, ela e ele, de relacionamentos dirigidos para o prazer sexual genital, ocasionais ou de curta duração, porque não têm uma perspectiva de amor autêntico, nem de fidelidade mútua, numa palavra, de matrimónio.

    Esta é a situação de facto que não podemos nem devemos ignorar, por muito que nos custe

    Que a Igreja Católica aceite estes casais de insensatos estouvados e se preste a recebê-los, em matrimónio, para ver, pouco tempo depois, como eles anunciam, publicamente, o seu divórcio civil, é para mim incompreensível. Pior ainda quando alegam que casaram “pela Igreja” sem saberem o que estavam a fazer e por isso pedem a nulidade canónica do primeiro matrimónio para voltarem a casar… “pela Igreja”.

    Numa sociedade em que uma parte da juventude se está a afastar de qualquer prática de expressão de Fé em Cristo e na sua Igreja, a celebração do matrimónio católico só deve ser permitida aos que, comprovadamente, possuem as disposições exteriores e, principalmente, interiores, para realizarem, validamente, um sacramento e não uma banal cerimónia, mais ou menos folclórica.

    Quem não sentir estas disposições não deve desejar um matrimónio católico; se, contudo, têm a intenção de constituir uma família, então, que faça um contrato civil que transforme uma união de facto num vínculo contratual, como quem cria uma sociedade comercial, que estabelece direitos e deveres entre os contratantes e destes com a sua descendência. E que pode ser anulado, por acordo entre as partes, como nos contratos comerciais de aluguer ou de compra e venda.

    Mas, a todo o tempo, e como fruto de uma maturação espiritual e religiosa e de uma maior e melhor experiência da vida, estes casais em união civil estável, certamente já com filhos, podem aproximar-se da Igreja e realizarem o matrimónio sacramental, agora com a plena consciência de estarem a assumir um compromisso de amor e fidelidade para toda a vida.

    Será como o baptismo de adultos ou a vocação tardia para o sacramento da Ordem ou para o carisma da vida consagrada ao Senhor. Será a elevação da natureza, mesmo degradada, à sobre natureza, em Cristo.

    3 – Uma proposta para o presente em ordem ao futuro

    Ao lado da anterior proposta para a pastoral do matrimónio que é, do meu ponto de vista, a mais adequada ao desregramento da sociedade pós-moderna, para a qual caminhamos, aceleradamente, na Europa, essa Europa que desdenhou colocar o cristianismo como matriz da sua origem e do seu desenvolvimento, quero apresentar uma outra, mais exigente, mas também mais empolgante para nós os que queremos implantar o reino de Cristo, na Terra.

    Em muitas famílias cristãs, que vivem com alegria e felicidade o seu matrimónio pessoal indissolúvel e fecundo, o fracasso dos matrimónios católicos de suas filhas e filhos, com divórcios e posterior afastamento de qualquer prática religiosa, ou porque deixa de ser desejada ou porque não lhes é consentida pela disciplina canónica dos sacramentos, constitui uma ferida de difícil cicatrização, que perturba a convivência familiar e a integração no seio da família alargada.

    O que eu proponho é que as famílias cristãs considerem o matrimónio católico das suas filhas e filhos como a sua primeira prioridade. Esta decisão tem de ser tomada e claramente assumida por Mãe e Pai que afirmam que, acima de tudo na vida, o que mais desejam é que os seus filhos e filhas tenham um matrimónio feliz, à imagem do matrimónio feliz e indissolúvel dos seus Pais.

    Para realizarem esta missão, porque é verdadeiramente de missão que se trata, têm de procurar, na Igreja e fora dela, toda a informação necessária para a compreensão do mundo social à sua volta, que já não é o da sua adolescência e juventude, nem o do tempo em que namoraram e casaram. Porque a actual aceleração da história não permite que nada volte para trás. E o tempo em que os Pais viveram não volta mais.

    Com estudo permanente e reflexão apurada, os Pais Católicos modernos ficarão preparados para conviverem intimamente com as suas filhas e filhos, para os acompanharem no desabrochar dos afectos, da sexualidade genital e emocional, do amor e, algumas vezes, da paixão. Esta educação que é, ao mesmo tempo, informação e formação, acontecerá informalmente na vivência familiar de todas as horas, do pequeno-almoço até desligar a televisão ao deitar, mas sempre no respeito pela intimidade que se vai construindo no filho ou filha que se desenvolve, mês a mês, sob os nossos olhos que não podem ser distraídos, mas sim muito atentos e presentes.

    Que nenhuma outra preocupação se antecipe a esta que é a de construirmos filhos e filhas que hão-de ter um matrimónio feliz, mesmo que à sua volta haja adolescentes grávidas, explorações genitais nos sanitários e banheiros das Escolas secundárias, drogas em venda livre, infidelidades, pedofilia, divórcios, agressões às mulheres, até homicídios por motivos sexuais.

    Mas não se trata de educar filhas e filhos numa redoma de ignorância, numa super-protecção absoluta e inútil, com proibições absurdas e contraproducentes. Tudo isto já foi tentado e falhou.

    Estamos num mundo diferente onde há excesso de informação a todos os níveis e um enorme défice no processo de transformação dessa informação em conhecimento individual. A ajuda dos pais, como educadores pacientes e afectivos, é indispensável para que a informação se transforme em conhecimento pessoal, mas o protagonista para o conhecimento é o filho ou filha, não é o pai ou a mãe.

    Porque a família católica não é, nem quer ser, uma estrutura de poder; mas é, e quer ser, uma estrutura mútua de serviço entre os seus membros, na qual os filhos e filhas devem sentir-se livres para perguntar, intervir, criticar e aprender.

    As famílias católicas que queiram fazer da felicidade matrimonial dos seus filhos e filhas o seu objectivo principal e prioritário, têm de estar conscientes dos três componentes que garantem o sucesso na prossecução deste objectivo. São eles: conhecimentos, verdade e tempo.

    Conhecimentos sólidos e modernos sobre o desenvolvimento corporal, sexual e mental que os seus filhos e filhas vão apresentando ao longo do tempo. Informação bastante e segura sobre a adolescência e o fenómeno psicológico do enamoramento, que actualmente aparece muito mais cedo e é, por vezes, avassalador.

    Conhecimentos seguros sobre como estar próximo das filhas e filhos, como agir, como lhes dar espaço, como estar presente ou ausente, como interpretar os sinais, como saber ouvir, como gerir o silêncio, as manifestações de afecto, as palavras.

    A regra de ouro é não improvisar nunca, em nenhuma situação.

    O segundo componente é a verdade.

    Não há nada mais eficaz e apropriado para destruir um processo educativo do que a hipocrisia.

    Quando os Pais abraçam este programa de tudo fazer pela felicidade matrimonial de seus filhos e filhas, a verdade tem de ser o clima total da sua própria vida familiar.

    É necessário que os filhos e filhas, olhando para os seus Pais, possam dizer como os Romanos diziam dos primeiros cristãos: vede como eles se amam. E este amor entre o Pai e a Mãe tem de ser verdadeiro e não um teatro representado para filho ou filha ver.

    Deste amor verdadeiro e concreto de Pai e Mãe, nos dias melhores e nos dias piores, nas horas tristes e nas horas alegres, emana para as filhas e filhos uma mensagem poderosamente educativa, mais forte do que milhares de palavras. As refeições em comum, as festas de aniversários familiares, as grandes celebrações natalícias e pascais, são tudo momentos de expressão do amor que une Pai e Mãe, que as filhas e filhos recebem e nunca mais esquecem. E os que tiverem veia literária hão-de evocá-las, nos seus escritos, trinta ou quarenta anos depois, mostrando, até sem o dizerem explicitamente, como elas influenciaram a sua vida e formaram o seu carácter.

    O terceiro componente é o tempo.

    Não temos tempo para isso, dizem-me alguns Pais. As Irmãs do Colégio e as Catequistas da Paróquia vão fazer deles bons meninos e meninas. Que ilusão perigosa e enganadora.

    Nada nem ninguém pode substituir, com sucesso, o Pai e a Mãe na formação dos afectos e na educação para uma sexualidade saudável.

    O Colégio pode ensinar-lhes disciplinas científicas e boas maneiras à mesa. A catequista dar-lhes-á umas noções de religião ao nível da Escola Primária. Mas nada disto tem a ver com a educação e a preparação de uma pessoa para amar outra pessoa de sexo diferente e ser-lhe fiel.

    O terceiro elemento é, de facto, o tempo.

    O amor é o maior mistério da humanitude dos seres humanos. Para o descobrir, o sentir e o conservar é preciso vê-lo realizado naqueles que se amam e a família é o espaço mais adequado para esta experiência de ver o amor. Mas para que os Pais possam mostrar o seu mútuo amor é necessário tempo de permanência junto dos filhos e filhas.

    Quando um casal, seriamente empenhado nesta tarefa de preparar futuros matrimónios felizes para as suas filhas e filhos, identificar qualquer actividade que lhes tira o tempo de estarem um com o outro e ambos com os filhos, deve avaliar, corajosamente, se essa actividade é indispensável ou se pode ser mudada, substituída, adiada ou eliminada.

    Sem tempo não haverá disponibilidade, sem disponibilidade dos Pais não se criará nos filhos e filhas, a naturalidade e a confiança indispensáveis para o diálogo e a vivência dos afectos.

    É um programa difícil, mas a recompensa de ver, nas nossas famílias, os filhos e filhas com um matrimónio católico, feliz e indissolúvel, compensará de todos os sacrifícios…que nem sacrifícios foram, mas sim actos de amor.

    Mesmo que estas famílias sejam uma ilha, cercada de infidelidades, violências e divórcios, elas serão um farol orientador, um exemplo a seguir, um sucesso a conquistar, por todos quantos se preocupam com a felicidade futura dos seus filhos e filhas.

    Conhecimentos, verdade e tempo, são tudo o que necessitamos para esta tarefa de preparar os jovens para a vivência do amor autêntico no interior das famílias católicas.

    E, também, da Graça do Espírito Santo que Cristo prometeu enviar a todos quantos mereçam recebê-la e que não faltará às famílias empenhadas nesta missão, a um tempo salvadora e reparadora.

    Epílogo

    João Paulo II, o Papa de quem guardo uma saudade profunda por oito encontros pessoais de deslumbramento e mistério, escreveu, na sua Carta sobre o Evangelho da Vida, estas palavras luminosas:

    “Vasto e complexo é, portanto, o serviço ao Evangelho da Vida. Ele manifesta-se cada vez mais como meio precioso e favorável para uma efectiva colaboração com os irmãos das outras Igrejas e Comunidades eclesiais na linha daquele ecumenismo das obras que o Concílio Vaticano II, com autoridade encorajou. Além disso o referido serviço apresenta-se como espaço providencial para o diálogo e colaboração com os seguidores de outras religiões e com todos os homens de boa vontade: a defesa e a promoção da vida não são monopólio de ninguém, mas tarefa e responsabilidade de todos. O desafio que temos pela frente é árduo: somente a cooperação e o acordo de todos aqueles que acreditam no valor da vida poderá evitar uma derrota da civilização com consequências imprevisíveis”.

    Tenho dito, porque estas palavras dizem tudo.

    DANIEL SERRÃO

    Quarta-feira, 19 de Agosto de 2009

    Reflexão sobre a Grandparenthood

    Meditação antropológica sobre a

    transição e desafios da “Grandparenthood”

    Chamemos a isto «a zona quente»”1

    A visionação do filme “Everybody Loves Raymond” suscitou-nos uma série de questões das quais será bastante profícuo reflectir. Concomitante à transição para a parentalidade emerge no ciclo familiar (das famílias de origem) a mutação para a “grandparenthood”2. Todavia, em que consiste esta transição? Que desafios levanta? O que é uma transição funcional ou disfuncional para a “grandparenthood”? Pode ter consequências positivas ou negativas estar na “zona quente”?

    De facto, percepcionamos (em termos genéricos) que a “grandparenthood” é uma transição ontologicamente enriquecedora; pois, é o culminar de uma sucessão de transições, o que de certo modo implicará uma visão mais madura da realidade, contemplando todo o dom e dádiva que facultaram (e que agora se manifesta na terceira geração - netos); e, do mesmo modo, defrontam-se perante a questão epilogar da existência a qual intensamente se desvela3. Porém, a transformação radical e próxima do fenecimento não deve ser encarada de forma dilacerante ou angustiante, uma vez que o seu ser permanece analogicamente no ser das gerações subsequentes. Assim, a hereditariedade é uma oblação de sentido e esperança à “grandparenthood”; pois, a família permanece, perpetua-se.

    A “grandparenthood”, que acontece e se enceta com o fenómeno da natividade do neto4, é algo muito gratificante para avós e netos; por exemplo, na vivência da afectividade. Neste feito, os avós têm a sua própria missão5 que alude ao auxílio à aquisição da parentalidade dos seus filhos. Normal e funcionalmente esta fase não está marcada pelo egotismo, mas sim é pautada por uma incondicional dádiva ao outro (filho ou neto) numa realização do outro. Assim, num horizonte de funcionalidade, como advoga Cigoli “the family of origin acknowledges that new parents have prime responsibility for bringing up their child, while the new parents are expected to legitimize their own parents as grandparents and the grandchild’s role as both a continuer of and a leading actor in their family history”6.

    Sem embargo, este cuidado pelo outro na “grandparenthood” não é sinónimo de atrofiamento ou impedimento do outro ser veemente aquilo que é. Então, nesta perspectiva, deve fomentar-se uma remodelação das distâncias de avós com os filhos, para que estes últimos não sejam impedidos de assumir em toda a sua eloquência a parentalidade. Desta forma, uma salutar “intimidade à distância”7 deve ser o modelo da relação avós-filhos. Pois, os avós devem constituir uma assistência para os filhos em momentos de maior indigência8; no entanto, os avós devem respeitar o casal enquanto casal9 (com todas as suas dinâmicas próprias e inerentes funcionalidades) e com a sua missão de parentalidade. Se funcionalmente se assumir uma “intimidade à distância” (em que cada um está disposto a colaborar com o outro quando solicitado, sem saquear a dinâmica vivencial do outro [na conjugalidade ou na função parental]), então, certamente existirá uma sadia relação intergeneracional.

    Todavia, se não acontecer a devida desvinculação, poderá advir uma “intimidade sem distância”. Ora, isto poderá representar o intitulado síndrome do “ninho vazio”10 por parte da família de origem, a qual possivelmente possuirá tendências impeditivas para colaborar na distanciação e diferenciação do casal que emerge tanto em conjugalidade como em parentalidade. Esta questão da parentalidade é relevante, pois, uma presença demasiadamente pressionante (por parte da família de origem) até poderá suscitar incertezas e hesitações na efectiva aptidão de assumir o papel de pai ou mãe. Deste modo, manifesta-se como essencial a redefinição das distâncias de avós para pais, onde possa emergir o justo meio-termo aristotélico de equilíbrio entre desinteresse e invasão.

    Toda esta acepção acerca de uma edificante desvinculação conduz-nos, do mesmo modo, necessariamente a uma breve resenha sobre o verídico intuito da parentalidade. Ora, é preciso ter em atenção que o pacto parental não se refere meramente aos cuidados e protecções com os filhos, mas também comporta em si a missão de dar o “empurrão afectuoso” (no sentido de deixar o filho ser ele mesmo em sua autenticidade, para por conseguinte fazer uma sã desvinculação, formando um casal originário [que não seja uma mera extensão da família de origem]11, e possa assumir em pleno as incumbências da parentalidade). É preciso advertir que a parentalidade não é sinónimo de hiper-protecção, mas refere-se a uma educação responsável para a autonomia, para que depois os filhos possam formar um casal fidedigno (ou seja, novo e único) e com devidas “fronteiras” ou desvinculações. Portanto, a parentalidade comporta em si o propósito de “lançar” os filhos na assumpção das responsabilidades adultas em pleno; e, por conseguinte, quando estes namoram e casam devem construir a sua identidade diferenciando-se ou distinguindo-se das famílias de origem, ou seja, tendo um novo modelo de laço com as suas famílias12. Assim, de uma generatividade parental passa-se para uma generatividade social.

    Constatamos que as famílias de origem influenciam muito num positivo ou negativo processo de desvinculação, possibilitando ou impedindo (aos seus filhos) a anuência de efectivas relações de conjugalidade ou parentalidade. O bioéticista Daniel Serrão aborda esta questão de forma persuasiva. Este advoga que se os pais querem ver os seus filhos com um casamento feliz, e consequentemente sejam pessoas felizes, então, estes pais devem considerar o casamento dos seus filhos como uma prioridade, educando-os para uma responsável autonomia. Refere que “não se trata de educar filhas e filhos numa redoma de ignorância, numa super-protecção absoluta e inútil, com proibições absurdas e contraproducentes”; mas, é a “felicidade matrimonial dos seus filhos e filhas o seu objectivo principal e prioritário, têm de estar conscientes dos três componentes que garantem o sucesso na prossecução deste objectivo. São eles: conhecimentos, verdade e tempo”13. Deste modo, a família de origem coadjuva para que os seus filhos sejam realmente aquilo que são e assumam tanto a conjugalidade como a parentalidade; no entanto é necessária uma certa reestruturação14. Neste horizonte, a disfuncionalidade consistiria na família de origem que persistiria em ficar no seu egotismo, sendo os seus filhos sempre uma mera extensão, num impedimento constante de desvinculação15. Quando não acontece uma real estruturação da relação conjugal da família de origem tanto pode surgir um divórcio16 inesperado (pois, pode perder-se o sentido de projecto de vida, de meta como casal17) ou “ou uma tentativa de recuperar os filhos, provocando eventuais problemas de lealdade e dificuldades relacionais nas novas famílias nucleares”18.

    Posteriormente a toda esta reflexão sobre diversos tópicos pertinentes relacionados com a “grandparenthood”, será interessante o confronto com o filme Raymond. O filme trata essencialmente de uma família de origem (Frank e Maria) que tem dificuldades na desvinculação com a família nuclear do seu filho (Raymond e Debra). Logo no início do filme a personagem Raymond19 refere que “o problema não são os miúdos; os meus pais vivem do outro lado da rua”20. De facto, é impressionante a forma como os pais de Raymond literalmente “invadem” a sua casa (bem como a sua harmonia familiar). Do mesmo modo, a família de origem parece destituir e descredibilizar a função parental da família Raymond e Debra, acabando por não saber qual é o seu verdadeiro papel de avós. A seguinte passagem de Maria é bastante elucidativa deste pensamento: “Comprei-vos leite completo. Acho que precisam de cálcio nesta casa. Quando cá estive de manhã, as pernas dos gémeos pareciam arqueadas”21. Frank e Maria impedem constantemente o casal Raymond e Debra de serem aquilo que realmente são22, bem como impedem, de certo modo, a parentalidade. Há uma certa asfixia23 na autonomia do casal, o que faz emergir uma anamnese24 do tempo em que Raymond e Debra viviam fora da “zona quente”, longe da casa dos pais (mas não o suficiente para eles pernoitar ou para os incomodar todos os dias).

    Constata-se claramente que Frank e Maria não se reestruturaram com a nova família e apenas querem que esta seja uma mera extensão da família de origem. Não há respeito por limites ou fronteiras; estes avós invadem e pressionam totalmente o espaço íntimo da família nuclear. Os avós que, provavelmente sofrem da síndrome do “ninho vazio”, não pretendem qualquer desvinculação entre avós-pais (apesar de ser uma grande ânsia dos pais, pois, os avós ao se intrometerem constantemente na vida diária da família acabam por incomodar). Pretendem assumir também (enquanto avós) todo o papel da paternidade destituindo os próprios pais dessa função. Ora, se tirarmos a parte cómica do filme e se retratasse um caso verídico, então, certamente seria o maior drama e angústia inter-familiar. De facto, o filme consegue retratar caricaturalmente a pura disfuncionalidade da “grandparenthood”, simbolizado nas personagens de Frank e Maria.

    Deste modo, concluímos que o filme representa uma transição que não foi bem feita. Quando Raymond e Debra mudaram para a habitação em frente da casa dos pais os problemas complicaram-se, pois, os pais tinham possibilidade de “invadir” todos os dias25 o espaço íntimo da família do seu filho. Ora, no antigo apartamento em Queens (como era a zona ideal de distância) os pais de Raymond não os podiam visitar frequentemente, e consequentemente não os incomodavam. Pois, se se proporcionar a alguém a sensação de um estalo no nariz longe a longe não incomoda, mas se for algo muito sucessivo e todos os dias começa, então, a incomodar. Se tivermos atentos ao filme verificamos que a transição nunca foi bem feita; Maria tinha quase as mesmas atitudes26, mas não era algo que irritasse, uma vez que só vinham visitar a família de Raymond longe a longe.

    Neste trabalho evidenciamos, por um lado, a funcionalidade da transição para a “grandparenthood”; por outro, a disfuncionalidade desta transição, como o exemplo do filme “Everybody Loves Raymond”. Perante isto, constatamos que é necessário alertar para uma verdadeira vivência da família, a qual respeite o outro enquanto outro na sua autenticidade, permitindo que o outro seja realmente aquilo que é (sem invasão ou egotismo), e auxiliando quando for necessário; assim, também será possível viver com sentido a “grandparenthood” numa salutar “intimidade à distância”.


    -------

    1 Filme "Everybody Loves Raymond". Episódio "Why Are We Here?" Temporada: 01, Episódio Nº: 22, 00:12:38.

    A zona quente” no filme refere-se à área próxima da casa dos avôs.


    2 A palavra “grandparenthood” tem difícil tradução para português. Seria algo parecido com “avozidade”. Porém, devido a ter uma tradução equívoca preferimos manter o vocábulo no original inglês.


    3 Muito plausivelmente a grande questão do “quanto resta para viver”, fruto de uma hermenêutica espontânea e natural, é proporcionada pelo nascimento dos netos. Nesta fase da “grandparenthood” é algo que surge muito instintivamente, uma vez que se deparam com o seu envelhecimento inato e irrevogável, bem como outros factores internos e externos.


    4 “A família nuclear ao transitar para a parentalidade cria, portanto, uma nova função na geração precedente, o papel de avós”. RELVAS, Ana Paula – O Ciclo Vital da Família. Porto: Ed. Afrontamento, 1996, p. 109.


    5 Missão deve ser entendida como uma vocação, um chamamento inato.


    6 CIGOLI, Vittorio; SCABINI, Eugenia – Family Identity: Ties, Symbols, and Transitions. London:

    Lawrence Erlbaum Associates, 2006, p. 123.


    7 Isto é importante porque “Couples who can count on a good relationship with their families of origin, while also maintaining an appropriate distance from them, also cope better with challenges of parenthood”. Ibidem.


    8 Como apreendemos nas aulas de psicologia da família: “os casais que tenham com uma presença adequada das famílias de origem, mais facilmente conseguem lidar com os desafios que a parentalidade e a conjugalidade apresentam”.


    9 Este respeito pelo casal permitirá não “invadir” ou “assaltar” toda a intimidade e espaço privado do casal enquanto casal, e do espaço próprio do casal com os filhos.


    10 Ninho vazio “já não significando a situação da mulher que sem os filhos em casa fica «vazia de função», passa a simbolizar a dificuldade do casal ao reencontrar-se sozinho no seu «ninho» agora «vazio de filhos»”. RELVAS, Ana Paula, Op. Cit., p. 193.


    11 Como refere Ana Paula Relvas “o casal tem que reorganizar as suas fronteiras. (…) A criação de regras, de normas que definam as relações do novo casal com as suas famílias, exigem, tanto da parte de uns como de outros, um esforço de negociação por vezes muito revelante”. RELVAS, Ana Paula, Op. Cit., p. 66.


    12 “A delimitação casal-família de origem deve ser um dos principais aspectos a trabalhar no inicio da relação de casal, sendo aceite que, se for adequadamente conseguida, as fases seguintes serão marcadas por uma maior facilidade relacional”. RELVAS, Ana Paula, Op. Cit., p. 68.


    13 SERRÃO, Daniel – “Família: Futuro da Humanidade”. In: I Congresso Internacional em Defesa da Vida. Santuário Nacional de Nossa Senhora da Conceição Aparecida. São Paulo: Brasil, 6-10 de Fevereiro de 2008. (O autor enviou-me o texto por e-mail).


    14 As “tarefas de reestruturação: 1) facilitar a saída dos filhos de casa, com vista à construção autónoma das suas próprias vidas; 2) renegociar a relação de casal, agora centrado na meia-idade; 3) aprender a lidar com o envelhecimento, primeiramente face às gerações mais idosas e posteriormente face ao próprio”. “A saída dos filhos de casa e posterior criação da própria família nuclear faz com que a «velha» família, agora transformada em família de origem, tenha que proceder a um realinhamento de limites” RELVAS, Ana Paula, Op. Cit., pp. 195, 211.


    15 “Ao casar os indivíduos uniram-se e ligaram, também, duas famílias e nos primeiros tempos é difícil regular a gestão das relações com cada uma delas. (…) o conflito surja, particularmente nos casos em que a própria família não se inibe de, mais ou menos claramente, exercer alguma pressão”. RELVAS, Ana Paula, Op. Cit., p. 67.


    16 Algumas estatísticas revelam que o divórcio também acontece numa fase tardia: http://alea.ine.pt/html/actual/html/act33.html - http://www.ine.pt/bddXplorer/htdocs/bddXplorer04.jsp?indOcorrCod=0000001&userLoadSave=&lang=PT# - http://www.ine.pt/ngt_server/attachfileu.jsp?look_parentBoui=30850783&att_display=n&att_download=y


    17 Isto pode relevar que o casal vivia apenas a parentalidade mas não a conjugalidade. Assim, quando os filhos saem de casa (se não existe um sólido projecto de vida) o que poderão fazer?


    18 RELVAS, Ana Paula, Op. Cit., p. 205.


    19 Marido de Debra, pai de Ally, Geoffrey e Michael.


    20 Filme "Everybody Loves Raymond", 00:00:48.


    21 Filme "Everybody Loves Raymond", 00:02:57.


    22 Frank e Maria até se intrometem em questões de culinária, actuando sem pedir autorização, numa total vivência sem respeito pelo que o outro realmente é. O seguinte diálogo entre Debra e Maria é interessante: “- Onde está o meu assado? - Está lá em casa. E o que faz lá em casa? Quando o cheirei há pouco, precisava mesmo de ser melhorado”. Filme "Everybody Loves Raymond", 00:03:17.

    Onde continua: “Olha, querida, quanto ao assado, fiz o melhor que pude. Não adiantou. Mas trouxe-te macarrão riscado para as visitas. Diz-lhes que foste tu que fizeste”. Filme "Everybody Loves Raymond", 00:21:26.


    23 “Meu Deus, já não aguento mais. Vamos mudar de casa”. Filme "Everybody Loves Raymond", 00:04:11.


    24 “Nunca pensei que estranhasse tanto o nosso apartamento de Queens. (…) E os teus pais iam visitar-nos de dois em dois meses”. Filme "Everybody Loves Raymond", 00:04:22.


    25 Raymond chama a isto “zona quente”.


    26 Vemos estas atitudes “invasivas” e destituídoras da parentalidade, por exemplo, na seguinte passagem: “Trouxe-te leite completo. A Ally precisa de mais cálcio, agora que já anda”. Filme "Everybody Loves Raymond", 00:13:30.


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